sábado, 1 de diciembre de 2012

Sué, un testigo de la Navidad

Este es otro cuento que escribí, con motivos navideños hace unos años. Me costó la vergüenza de tenerlo que leer en público cuando gané con él el segundo premio de narrativa en el colegio. Tenía 13 por aquel entonces, un año anterior al de "Juan Pastor de Belén":

Hola, me llamo Sué. No sé por qué me pusieron éste nombre, es raro, pero me gusta. No sé hacer nada. De joven me apreciaban, tiraba del molino, soportaba grandes cargas sobre mi lomo y otros trabajos. Creo que me apreciaban por mi trabajo más que por otra cosa. ya ni siquiera me dan de comer todos los días... quizá sea porque se olvidan de mí, no sé.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Los zapatos mágicos

Este cuento creció conmigo durante años, mi madre lo inventó y nos lo contaba de vez en cuando. Pero un día lo quise transcribir añadiendo mucho de mi propia cosecha, para que jamás se nos olvidara... Pero eso sí, con final alternativo muy retocado. Tenía entonces diez años, os lo dejo tal cual:

Érase una vez, un niño que iba a cumplir los ocho años a las mañana siguiente. Su abuelo estaba nerviosísimo porque no sabía que regalarle a su nieto. Luis, que así es como se llamaba el niño, tenía un hermano pequeño que se llamaba Alberto. Alberto tenía seis años muy bien cumplidos, y era bastante caprichoso.
Luis era muy simpático, alto, fuerte, tenía los ojos azules y el pelo muy negro. También era muy estudioso y trabajador. A Luis le encantaba montar en bicicleta y patinar con sus amigos, Juan, Pedro y Enrique.
Alberto también era simpático y divertido, y al igual que su hermano tenía los ojos azules y el pelo negro. también sacaba buenas notas, pero no era tan trabajador, prefería jugar.
Su madre era bajita, Rubia, trabajadora, y de ojos azules. Ella siempre estaba contenta y feliz. Le encantaba, sobre todo, hablar por teléfono (cuando se enganchaba no había quien la descolgase).
Su padre era alto, de pelo negro, un poco despistado y de ojos castaños. A él le encantaba gastar bromas, pero más que nada, ver la televisión.
El abuelo era alto, canoso, miope y de ojos verdes. A él, lo que más le gustaba era arreglar cosas, pero le gustaba aún más ir de compras (compraba cosas aunque no fueran necesarias).
A decir verdad, toda la familia tenía algo en común.

lunes, 8 de octubre de 2012

Cómo saber que quieres a una persona

Suena un poco cursi, y estaba dudando en publicarlo, pero, por cosas que pasan, allá va:

¿Y cómo saber que quieres a una persona? Igual me equivoco, pero:

Cuando eres capaz de renunciar a cosas grandes, a ilusiones nobles, por cosas mayores, por cosas suyas, por aspiraciones suyas, y que eso te haga sentir feliz.

Cuando permaneces fiel contra viento y marea.

Cuando su presencia te basta para sentirte acompañado, a gusto, completo, aunque no haya contacto visual, aunque no fluya la conversación, porque sabes que estás de acuerdo con lo que piensa.

Cuando puedes hablar durante horas, de todo, de cualquier cosa, sin cansarte.

Cuando sientes que su dicha te embarga, que se hace tuya, que te llena, cuando sus preocupaciones te quitan el sueño, y sus penas te oprimen el pecho.

Cuando eres capaz de perdonar esa perrería que te ha hecho, por no haberte tenido en cuenta, por ver su propia felicidad egoísta.

Cuando eres capaz de gritar de emoción cuando ha dado un gran paso, o consigue superar esa dificultad que le cohibía.

Cuando con una mirada te lo dices todo.

Cuando puedes pedir un favor con confianza, sin reparos, aunque sepas que le va a costar un montón.

Cuando estas dispuesto a levantarte antes que lo haga el sol para ir a escuchar lo que te tiene que decir.

Cuando a través de su persona eres capaz de descubrir el mundo, incluso lo que ya conocías.

Cuando puedes discutir, y gritar, y ceder.

Cuando conoces sus defectos, y los aceptas, o incluso, los quieres, porque son suyos, y le definen.

Cuando te llena de deseos de mejorar, de imitarle en sus puntos fuertes, te hace desear ser mejor persona y a superarte en tus debilidades adquiriendo virtudes.

Cuando estás dispuesto a ayudarle a superar las suyas.

Cuando te da un vuelco el corazón cuando sabes que os vais a ver.

Cuando te hace sentir que nunca estarás solo, y te ayuda a caminar hacia adelante.

¿Cómo saber que quieres, de verdad a alguien? Cuando eres capaz de esto, y mucho más. 

jueves, 4 de octubre de 2012

Esas cosas que pasan...

¡Seguro que ésto a muchos os suena! Hace ya un par de meses de esto. Primer día de vacaciones de una familia numerosa:

Esas cosas que pasan.
Maletas: la ropa, la chaqueta, la crema...

- ¡Ey! ¡Los bañadores! Jaja, casi nos los dejamos.
- ¿Habéis cogido los cepillos? Tú, Juan, coge sábanas.
- A ver, ¡dadme los cepillos! ¡Van en la maleta gris!
- Celia, ¡que mi ropa tiene que entrar en esa!
- Vale, no cabe, pues van en la azul.

Llegada al destino, horas después. Comida basura, calorazo, visita rápida al mar, peleas varias, algún que otro mordisco cariñoso, música a tope, elección de casa de las dos que necesitamos, y de cama, Misa en familia, cena rápida, y...

- Oye Celia, ¿y los cepillos?
- ¡Aquí no están!
- ¡Ni aquí!
- Van en la maleta gris.
- ¡No! que al final los metí en la azul.
- Pues no, ¡tampoco!
- ¿Cómo que no?
- No, ¡a que están en Madrid!
- Pues el mío era nuevo.
- Mirad otra vez, en un bolso o algo...
- Que no, ¡que están en Madrid!
- Pues nada hoy con el dedo, y con la pasta de la tía... ¡Qué desastre! Mañana compramos.
- Pues en casa hay para parar un tren!
- ¿y qué le vamos a hacer?

Una vez en la cama:
- ¡Mamá mira! ¡Los cepillos!
- (Todos) ¡Dónde!
- Aquí, ¡en la otra casa!

domingo, 30 de septiembre de 2012

Recorte en educación, recorte de libertades

Me dicen hoy que el ministro de educación, Wert, va a reducir a la mitad las horas lectivas de desarrollo artístico. Ya que, según el Ministerio, las horas lectivas para que los niños/adolescentes aprendan música y plástica son innecesarias y hay demasiadas.
Como dice una amiga, "El fantástico argumento es que distraen a los alumnos..."
Vale, ¿quién no tiene la experiencia frustrante de que no te salgan bien las notas en la flauta dulce, porque no tapas los agujeros correctamente? ¿Quién no ha desarrollado su paciencia hasta límites insospechados cuando era ése el caso de un hermano o un vecino? ¿Quién no se ha pasado horas eligiendo los colores mas idóneos para el dibujo que te han mandado? ¿O quién no ha sacado la lengua por entre los dientes, por el esfuerzo, para no salirte de las líneas?
Esto obviamente supone tiempo, pero todos los niños tienen tiempo de sobra para hacer las tareas, aprender y para jugar hasta caer rendidos. Esto no es excusa para recortar esas horas de su aprendizaje.
Estas actividades aumentan la concentración del alumno en la tarea, lejos de distraerle. Además, aumentan la capacidad de atención en cuanto les rodea y a captar detalles. Supone también un descanso con respecto a la realización de otras tareas más agotadoras.
El desarrollo artístico de la persona es tan necesario como lo es el de las matemáticas, gramática, literatura, geografía, o las ciencias naturales, en cuanto a intelectualidad se refiere. Estas materias también tienen su área en el cerebro humano. La persona ha de hacer crecer todos los pilares de su humanidad de igual forma, o finalmente andarán cojos por la vida, sabiendo mucho de algo, y nada del resto.
Al igual que el resto de materias, el arte debe ser cultivado, igual que el estudio de la lengua, de la historia y de la religión de una civilización. Porque el hombre es un "animal" social (entre otras muchísimas cosas), y no toda su vida se centra en el "supuesto futuro trabajo que tendrá a posteriori". El hombre también ha de saber de civismo, pues vive rodeado de personas, con las que comparte su vida, y se comunica: familia, amigos, profesores, vecinos, jefe, compañeros, e incluso perfectos desconocidos con los que puedas encontrarte. Esto implica una enorme variabilidad de situaciones que requieren gran variedad de conocimientos.
Por lo tanto, el desarrollo de la persona ha de ser íntegro y completo. Nunca sabes lo que pueda ocurrir en un futuro.
La cultura y el conocimiento hacen libre a la persona, pues con la ignorancia las elecciones tomadas no son del todo libres. Solo quien sabe en totalidad es completamente libre.
¿O igual es eso, que se busca una sociedad de borreguitos, fáciles de dirigir, obedientes, sin libertad? Muchos ya son esclavos de sí mismos creyéndose libres, por haber elegido entre dos opciones, sin saber que realmente la gama que se extiende en el abanico de posibilidades es inmensa... ¿Qué es lo próximo que nos van a quitar?

viernes, 28 de septiembre de 2012

Juan Pastor de Belén

Las cabras iban y venían. Las ovejas balaban. La noche había caído ya. Un muchacho de unos diecisiete años de edad buscaba entre la muchedumbre a un viejo amigo suyo, al que llevaba casi diez años sin ver. El muchacho se llamaba Juan y no sabía cómo sería ahora su amigo. De pequeño era, tal y como le recordaba, alto, guapo, jovial, con ojos grandes y brillantes y el pelo revuelto. Por aquel entonces, estaba también gordito.

Juan sabía que su amigo iba a llegar de un momento a otro, pues el Emperador había ordenado que todos fueran a sus pueblos y ciudades de origen para censarse. Juan y su amigo eran de Belén.

La gente llegaba cansada y despacio. Los más pequeños lloraban y los bueyes mugían. Juan estaba en cuclillas sobre una roca, mirando desde arriba con los ojos brillantes. A cada joven de más o menos su edad, le preguntaba: