lunes, 14 de abril de 2014

Viajando por tierras de Castilla la Vieja

¡Querido amigo! ¡si pudieras ver! no sabes que bonito está el campo... verde y amarillo, verde azulado, verde pardusco, verde brillante, verde trigo, verde centeno, verde encina, y verde pino... ¡y el extenso amarillo de los girasoles!
Está el cielo de un azul claro y aterciopelado, salpicado con minúsculas pelusillas blancas irregularmente distribuidas.
El río, viste hoy como un espejo, ribeteado de los incondicionales chopos, aun sin fuerzas, muchos desnudos, pocos comenzando a verdear.
Allá, no muy lejos, entre los peñascos se asoma tímido el ganado, que descansa la tarde tomando el sol, una veces tumbado, otras rumiando, luciendo sus pelajes, contrastando, en la pradera.
El aire huele a romero, a tomillo, a césped y hierbas transpirando.
Y yo siento el calor que me llena, hacia dentro, muy despacio, pero fuerte, potente, prometiendo quedarse y llenarme de energía.
Las montañas, cubiertas de musgo, se alzan al fondo coronadas de nieve, y a sus pies, pequeñitos, varios pueblos, silenciosos, relucientes, blancos y anaranjados, viejos, y bien lavados.
¡Si pudieras venir, y ver esto!

colaboración de L.M. S. M.