Ha sonado el despertador
pero no me apetece levantarme tan temprano, ¿no es ya fin de semana? Mis
hermanas ya están en la cola de la ducha, ¡que pesadas! anda que no son
raras... para un día que tienen para dormir y ya se ponen a correr...
- ¡Ceci! te he dicho mil veces que te levantes,
¿es que no me oyes? hace ya un buen rato que sonó el despertador -Me
dice Teresa. Pero me da igual, la ignoro y me hago la dormida: yo quiero dormir
un rato más. Se acerca y me mira (no se cree que este dormida), y me pregunta
con retintín- ¿Qué pasa, no te apetece ir al cole?
¡Horror! Es verdad, ¡aún es viernes!, ¿es que no
se acaba nunca la semana? Me levanto de la cama derrapando y busco la falda del
uniforme abandonada en algún rincón de la habitación el día anterior.
- ¡Mamá! ¿Sabes donde están mis calcetines?
- ¡Donde los hayas dejado! ¡Haz el favor de darte
prisa!
- Menuda ayuda -Me lamento. Odio que me diga
eso.- Mamá, no están, no voy al cole.
- Cógele un par a Cons.
- ¿Y el polo?
- Pues si no lo echaste ayer a lavar, están
sucios, pide uno a tus hermanas.
- Yo tengo uno… Mira a ver si cabes dentro. -Me
dice la pequeña.
- Ja, ja -Le digo de malo modos, y se lo quito de
las manos.
Me lo pongo, pero me queda muy corto, voy con la
tripa al aire. Solución de emergencia: me pongo encima una camiseta y listo.
Como no, se oye el “vámonos” de mama, ¡y yo no me he hecho la mochila!
Corriendo lo meto todo, sin pensar, y me voy. Como cada día comienza la ruta
que nos coloca a los cinco hermanos a nuestro cole correspondiente (Los tres
mayores van en el otro coche a la facultad).
Otra vez llego tarde, y la de mates me saluda
con cara de malas pulgas y me dice “a ver si algún día llegamos pronto”… ¡que
se venga a mi casa algún día! La clase había comenzado hacía 10 minutos y… ¡con
examen! Por supuesto, no he estudiado nada.
A segunda hora tenemos Lengua… La pobre Rosa,
¡es tan buena! Después del juego de “la paella” de ayer y todavía viene, nos
sonríe y dice:
- Tengo una sorpresa. Para que nos quede bien
grabado en la mente lo que es un cuento y lo que es una narración, vamos a ver
la película de “Shrek” y luego me haréis una pequeña narración
especificando las características de los cuentos populares y nombraréis los que
vienen especificados en ella. Me lo entregaréis al día siguiente de haberla
visto, y atención Cecilia, a mano y en la hora de clase, antes de empezar con
la literatura del siglo XV.
Cojo mi silla y me instalo al lado del cañón
corriendo para que no me quiten el sitio, que si no, tendré que sacar la gafas
que, además están sucias.
¡El timbre! Es decir: ¡RECREO! Voy en busca de
la “Elenas” y nos vamos a la puerta de las de primero para gorronear algo de
comer (hoy no he desayunado). Al salir al patio una masa de pelo gigante nos
pasa por delante: Frodo, el perro del colegio. Todas las enanas se echan para
atrás muertas de miedo, ¡Serán tontas!
Nos metemos todas en el callejón, donde no nos
ven las profesoras y donde nos alcanza un débil rayo de sol que aun sin fuerza
procura calentarnos las rodillas mientras “Dobby” nos cuenta sus, por decirlo
de alguna manera, amores imposibles.
De vuelta a clase llega Marité y nos cuenta de
los mandamientos, ¡Lo mismo de todos los años! Me pongo a dibujar ovejitas en
un trozo de papel. Detrás de mí, “Dobby” le está haciendo un dibujo a Adri, unas
vacas monísimas para que las ponga en su carpeta, pero claro, Marité la pilla,
y le confisca la obra de arte. Según transcurre la clase se va dando cuenta de
que la mitad de la misma no se los sabe…
- …y se supone que este año os confirmáis. Por
favor, que levante la mano la que se los sepa, y un cero a la que no.
Entonces, yo me pongo de pie sin vaciar y sin
levantar la vista de mi oveja. De repente toda la clase estalla en carcajadas.
Miro a mi alrededor y veo a toda la clase sentada, Mar con la mano levantada,
muy seria, y Marité roja como un tomate, agarrada a la mesa y con la otra mano
tapándose la boca. Rápidamente me siento, escondo las ovejas, y me río también
de lo absurdo de la situación.
Después tenemos tecnología, toca ordenadores.
Busco a Teté con la mirada y nos ponemos juntas. De repente Maica nos Mira y
dice:
- Cecilia, creo haberte castigado para lo que
queda de curso lejos de la señorita Muñoz, ponte conmigo aquí delante.
Menos mal que las “Elenas” no están por la labor
y desenchufan la pantalla. Consecuencia: Rosa, la otra profesora, se pasa toda
la hora intentando averiguar que le ocurre al ordenador, y por supuesto, acabo
haciendo pareja con Teresa.
Al finalizar la clase se lamenta de que “tendré
que volver a llamar al técnico, aunque luego siempre dice que no les pasa
nada…” Con disimulo, y para su asombro Elena Gómez pasa por detrás y coloca el
cable, resolviéndose así todo el problema. Yo le paso el disco con el
trabajo terminado (gracias a Teté) y juntas bajamos a comer.
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