Mira Ana, ya llega la primavera. ¿No ves ese
césped? ¡Que verde está! Parece una alfombra nueva. ¿No dan ganas de echarse en
él? Aquellas nubes de algodón, que se alejan, rápido, en pelotón, y no quieren
dejar de correr. Y esa ardilla que da un brinco hasta el roble, tan fuerte, y
tan noble. Primero se esconde, luego sigue con ahínco saltando por el camino. Y
esa margarita, tan pequeña, y tan pura que rompe la superficie de la pradera,
con dulzura, en su afán madrugador… ¡Y qué hermosura! una pequeña proeza, digna
de mucho valor.
Mira Ana, ahí está tu chopo, aun con frío y sin
abrigo, que estira sus brazos desnudos al abrazo del calor. Fíjate, está
echando sus primeras yemas, y allí se asoma un brote, una primera hoja que nace
tierna, esmeralda y brillante. ¿No es impresionante? Y mira aquel tilo de allá,
que ya comienza a desprender ese olor tan penetrante, tan dulce y agradable.
Mira Ana, se ven sombras que surcan el cielo,
son las golondrinas que ya vuelven a casa, a poblar los rincones, a disfrutar
tu sonrisa. Llegan a llenar de alegría los campos y llenar con sus cantos las
cornisas. Traen destellos de parajes, que risueños traen de viaje.
Mira Ana, ¿no ves a los días más largos, no ves
como llega el calor? El sol calienta más y me alienta, y despierta a la fauna
somnolienta. ¿Será por eso que salen las lagartijas a ver? ¿Qué será lo que van
a contemplar? Esas rosetas han empezado a estirar, ¡Qué rápido van! Casi las
oigo crecer.
Mira Ana, ¿ves a la gente reír? ¿Oyes las niñas
jugar? ¿Ves a los chicos correr? ¿No ves como el gorrión regala un bichito a su
amor? Allá esta aquel anciano, que se estira la camisa y se sienta a la sombra
de un castaño, es aquel que antaño paseaba con Marisa de la mano.
Mira Ana, está la tierra mojada, y trae la brisa
el perfume que delata un arco iris que adivino justo detrás de ese pino. No te
creas que me olvido de ese caracol que, de tan tímido, casi no se ha movido,
desde que llegara yo. Y aquí, junto al camino, un charco que salpica al aire
divertido; con deleite y entre risas, chapotean varias botas, llenando todo con
su brillo, mil gotas esparcidas.
Mira Ana, todo cuanto una espera al final nos
llega. Tú llorabas esa noche, no te sentías querida, y buscabas en todas partes
una sonrisa perdida, un sueño, un fruto de cuanto sembraste a lo largo de tu
vida. Buscabas un rayo que fuera capaz de fundir el hielo de aquellos de dura
cerviz, añorando tiempos mejores, buscando entre las flores de tu infancia un
arma poderosa, que llenara tu futuro con una historia, con un bagaje feliz, con
un final de perdiz.
Mira Ana, ya llega la primavera. Los niños salen
felices de la escuela. El cielo se tiñe con colores de acuarela, hace nudos con
sus manos la grandiosa madreselva, y entorpece mis pasos una fiebre que
envenena… Todo cuanto me rodea deja ya la penitencia, y se viste preparada para
la pascua venidera. ¿Donde estas Ana querida, donde estas que estoy perdido?
¿Donde estas que me intoxico sin tu aire colorido, si me falta tu pelo recogido
y si no veo tu sonrisa contenida, ni el roce de tu vestido? Vuelve a tu
juventud alegre, llena de esperanza tu presente, confía en aquel que nunca
miente, y tu día a día, se paciente.
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Tree in Flower near Vetheuil. Claude Monet
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