sábado, 1 de diciembre de 2012

Sué, un testigo de la Navidad

Este es otro cuento que escribí, con motivos navideños hace unos años. Me costó la vergüenza de tenerlo que leer en público cuando gané con él el segundo premio de narrativa en el colegio. Tenía 13 por aquel entonces, un año anterior al de "Juan Pastor de Belén":

Hola, me llamo Sué. No sé por qué me pusieron éste nombre, es raro, pero me gusta. No sé hacer nada. De joven me apreciaban, tiraba del molino, soportaba grandes cargas sobre mi lomo y otros trabajos. Creo que me apreciaban por mi trabajo más que por otra cosa. ya ni siquiera me dan de comer todos los días... quizá sea porque se olvidan de mí, no sé.
Era de noche, noche cerrada. Yo, como de costumbre, miraba las estrellas desde mi lecho de paja por un agujero, obra de las termitas, y por donde hace unos años vengo haciendo lo mismo: mirar las estrellas. Mi establo era pequeño y de madera, pero confortable. El cielo más claro que nunca... supongo que por una estrella nueva: grande, brillante, con una especie de cola larga y realmente preciosa. Esa noche me intercambiaron a un hombre y su mujer por unos discos brillantes y pequeños, me pareció haber oído que se llamaban monedas.

Ahora estoy caminando por un gran sendero al lado del hombre que me compró. Es un hombre alto, sonriente, fuerte, de ojos brillantes... Sobre mi lomo va la mujer, la mujer más hermosa que he visto nunca.
Vamos camino de Belén, no sé donde está, quizá allá donde se acaba el mundo... no sé, supongo que como llevamos andando varios días supongo que estará por allí. Nunca he estudiado Geografía, pero mi instinto me dice que esta casi al otro lado del mundo. Así esque allá voy, al otro lado del mundo.
José, que es así como se llama el hombre, me ha parado en Belén, y se ha acercado a la posada:

- Buenas noches, verá, mi mujer va a dar a luz y quisiera saber si tendría algún lugar para nosotros.
- Lo siento señor, pero no tenemos sitio, esto se ha llenado muy rápidamente y no hay ni un sólo rincón libre. Prueben a ver más adelante.
- No importa, muchas gracias. Adiós y Buenas noches.

José se acerca a nosotros, le noto triste:

- María - dice a su mujer- No hay lugar para nosotros, hemos de seguir.
Comenzamos a andar, estoy cansado, pero no me quejo. seguimos andando, aunque es ya muy tarde. Belén es muy bonito de noche. La verdad es que es agotador llegar al fin del mundo. De repente vemos una posada:
- Disculpe llevamos todo el día caminando y mi mujer va a dar a luz. ¿Podemos pasar aquí la noche?
- Verá, esto esta lleno, y todas las posadas de Belén lo están, si quiere puede dormir en el establo, donde estarán calientes. Allí hay un buey, inmóvil por su vejez, pero no es mala compañía.
- Muchas gracias, hasta mañana, y disculpe las molestias. Buenas noches.
- Si pudiera hacer más...

* * *
Me debido de dormir, ¡estoy tan cansado! Se escuchan voces de ángeles los borricos tenemos el oido muy fino y podemos oirles de vez en cuando, aunque hoy es especial. Cantan alto, están cantando cánticos de alabanza a Dios. Me levanto y veo algo alucinante: María, pálida, coge entre sus brazos a un Niño. Tardo un rato, pero luego me doy cuenta. ¡Él es el Hijo de Dios!
Llevo horas contemplando esta maravilla. ya no estoy cansado. Los ángeles, totalmente invisibles para mí siguen cantando. Es muy agradable escucharles.
Toda la noche han estado viniendo miles de pastores, dando regalos  a Jesús (ése es su nombre): ovejas, harina, miel, tortas... Cuando levanto la vista, veo que la estrella que conocí hace tiempo está sobre nosotros, es precioso.
Tres hombres con pinta de extranjeros, vestidos muy ricamente, la han seguido hasta aquí. Cuando la ven quieta, Bajan de sus camellos y cogen algo. Se acercan dejando atrás a su séquito, y se arrodillan ante el Niño:

- Somos tres sabios de Oriente, y venimos a traer regalos al Mesías
- Nos llamamos Melchor, Gaspar y Baltasar.
- Yo, -dice Melchor- le traigo oro, por ser el Rey del mundo.
- Yo le traigo mirra -dice Gaspar- pues como hombre se ha encarnado.
- Y yo le traigo, como Dios, incienso -añade Baltasar- Para Él hemos traído lo mejor.

Todos los acontecimientos pasan deprisa.

-José, todos vienen a adorar a Jesús, todos los que son humildes, ¿dónde están los ricos, los poderosos? ¿No saben que Dios ya está aquí?
- No lo sé María. Supongo que ya llegarán. Se estarán preparando o preguntando el camino, ya ves que esos magos extranjeros vinieron desde Oriente, ya llegarán.

Pero estos no aparecieron. Vosotros, ¿haríais lo mismo? ¿Abandonaríais allí, en su pesebre, al Hijo de Dios? ¿o buscaríais el camino, la estrella que os lleve a Él?

2 comentarios:

  1. Qué bonito...
    Te he imaginado de niña escribiendo esto con muchísimo esfuerzo e ilusión... Qué mona.

    Echo de menos volver a ser como un niño en muchos aspectos.

    Un beso,
    Luismi

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    Respuestas
    1. ¡Me alegro de que te haya gustado Luismi!
      Un beso muy fuerte,
      Irene

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